enrique lores

Laudatio

Ángel Ortiz Bas

Sr Rector Magnifico de la Universitat Politécnica de València, Sra. secretaria Autonómica de Universidades, D. Enrique Lores, autoridades, autoridades académicas. miembros de la comunidad universitaria, familiares y amigos, señoras y señores.

Se suele fechar a finales del siglo XVIII el inicio de la profunda transformación que experimentaron la sociedad y la economía, primero en Inglaterra y posteriormente en la mayor parte de los países civilizados. La invención de la máquina de vapor por James Watt, junto con las hiladoras y telares industriales, facilitó la industrialización, primero de las manufacturas textiles y luego de otras muchas industrias.

El nacimiento de la industria supuso una revolución para la humanidad. Del impacto de la industria, y por ende del trabajo de los ingenieros industriales en estos siglos, encontramos cientos de evidencias a diario.

Somos conscientes de que la sociedad actual no podría existir sin la industria y los procesos industriales. Pero también somos conscientes del impacto negativo, que dicho cambio generó durante décadas, lo que nos obliga hoy en día a buscar mejoras en la energía que utilizamos y la idoneidad y eficiencia en los procesos industriales.

Volviendo brevemente a James Watt y garantizándoles que esta laudatio no está dedicada a él, me gustaría recordar que fue el diseñador junto a Boulton en 1788 del regulador centrífugo, un testimonio de la importancia que la mecánica ha tenido en nuestra profesión, y al que acompañan en el mismo escudo el electroimán en representación de la ingeniería eléctrica y el tubo en U en representación de la química

Ese mismo escudo es el que representa a la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universitat Politècnica de València, centro que tengo el honor de representar y al que debo agradecer de corazón que propusiera la investidura de D. Enrique Lores como Doctor Honoris Causa.

La industria no ha dejado de revolucionar nuestra sociedad, tanto es así que a la primera revolución industrial pronto le siguió una segunda, que tuvo lugar en el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. La irrupción de la electricidad, los motores de combustión interna, los sistemas de producción en masa, la organización industrial y los medios de transporte mecánico entre otros, tuvieron un profundo impacto en el crecimiento de la industria, el comercio internacional y las necesidades de una mano de obra más cualificada.

Y a la segunda revolución le siguieron la tercera, la cuarta, y parece que estamos en la quinta con el concepto de sociedad 5.0. Hoy, no es necesario tomar mucha distancia para constatar que vivimos inmersos en una nueva revolución con el nacimiento de la inteligencia artificial. Una revolución que tal vez sea tan disruptiva como la primera, y cuya repercusión todavía nos resulta complejo prever.

A estas alturas de la laudatio, es posible que ustedes piensen que me he dejado llevar por mi condición de ingeniero industrial y mi pasión por estos asuntos en lugar de poner en valor a D. Enrique Lores. Sin embargo, es en este contexto tan complejo, donde creo que podemos valorar la relevancia de su aportación a la sociedad global.

Enrique Lores cursó sus estudios en la Escuela de Industriales de la UPV en la década de los 80, en pleno crecimiento del ordenador personal. Estudiante brillante, Enrique fue el número 1 de su promoción. Algo que seguramente no pasó desapercibido para los responsables de becas de Hewlett Packard.

Pero, seguramente nadie imaginaba en aquel entonces que ese inquieto ingeniero, con un interés perenne por aprender, acabaría siguiendo los pasos de Bill Hewlett y David Packard como CEO y Presidente de HP.

Hace 35 años, cuando las mejores empresas ya visitaban la UPV y la Escuela de Industriales buscando el mejor talento, unos ingenieros de Hewlett Packard volaron desde California para motivar a los estudiantes de 6º de carrera a visitar San Diego y explorar posibilidades en la empresa.

Y sin duda consiguieron su objetivo, pues Enrique no solo pasó 6 meses en California, sino que posteriormente comenzó a trabajar en el centro que la empresa tenía en San Cugat.

Lejos de contentarse con destacar en su trabajo, Enrique decidió cursar un Máster en Administración de Empresas en paralelo. Una labor que le ocupó sus tardes de 7 a 10 durante tres años.

Su carrera, a partir de ese momento ha sido la de una persona sobresaliente, en una continua búsqueda del aprendizaje y el crecimiento personal.

Pronto su labor como ingeniero, desarrollando placas electrónicas y software, se vio eclipsada por su capacidad de innovación, creación y desarrollo. Ese fue un gran cambio en su carrera.

Primero dicha capacidad de innovación se materializó en su rol de responsable de product marketing, encargado de inventar nuevos productos y liderar su diseño y puesta en marcha. Tras un tiempo como responsable en Sant Cugat, los siguientes años vieron a un Enrique en constante evolución.

Primero ocupándose del marketing global ya en Estados Unidos. Posteriormente, encargándose de las ventas globales de impresoras desde Alemania. Su constante ascensión le permitió volver a España para ser el responsable de todo el negocio en nuestro país, pero su estancia en Barcelona duró poco tiempo y acabó finalmente desplazándose a Palo Alto, California.

El hecho de que Enrique Lores siempre haya trabajado para la misma empresa no debe hacernos obviar lo variado de su carrera. Desempeñando funciones de muy diversa naturaleza, evolucionando desde la ingeniería más pura a la alta dirección.

Aportando la innovación primero a la creación de nuevos productos, luego a la creación de nuevos negocios y, por último, a la transformación de negocios ya existentes. Y como bien se encarga Enrique a menudo de recordar, aprovechando cada etapa para seguir aprendiendo.

Esa versatilidad y resiliencia le convirtieron en la persona que lideró el que, seguramente, fue el proceso más crítico de la historia de su empresa. En 2015, la Hewlett Packard Corporation se dividió en dos grandes empresas: HP, dedicada al hardware y Hewlett Packard Enterprises, dedicada al software y los servicios.

El delicado proceso de la división, una de las mayores y más complejas de cualquier empresa en la historia, le fue encargado a un Enrique Lores que ya entonces apuntaba a los puestos más altos de la organización.

Por ello, no fue de extrañar que, tras la exitosa división de las empresas, Enrique fuera nombrado en 2015 Vicepresidente de HP y responsable global del negocio de impresión. El sentido común dictaba que, con el auge de los medios digitales, la impresión iba a sufrir cambios radicales. Otro gran reto que abordar.

Pero si algo ha declarado Enrique que se llevó de su paso por la Escuela de Industriales de la UPV fue una formación tecnológica muy amplia y la capacidad de resolver problemas y enfrentarse a retos.

Estoy convencido de que dicha capacidad fue de gran ayuda para que Enrique hiciera crecer el negocio de impresión y lograra un mejor desempeño que el de sus competidores en aquellos años.

Hace 5 años, Enrique Lores fue nombrado CEO y Presidente de HP. Su empresa ocupa el puesto 63 en la lista de Fortune100, es por lo tanto una de las 100 mayores empresas del mundo. Emplea a cerca de 60.000 personas, con una facturación anual en los últimos ejercicios en torno a los 60.000 millones de euros. El impacto en la sociedad de HP es indudable.

Sin embargo, no se trata únicamente de tamaño o indicadores financieros. Hace unos minutos rememoraba la historia de las revoluciones industriales y su impacto en la humanidad. En la actualidad, a nadie le cabe duda de que la actual revolución industrial, tenga esta el número que tenga, tiene como epicentro Silicon Valley.

Enrique Lores es el único CEO español entre las grandes empresas ubicadas en el valle de Santa Clara, en la zona de la bahía de San Francisco. Contamos con el privilegio de tener a un ingeniero industrial de la Universitat Politècnica de València en el epicentro de esta revolución que nuevamente transformará nuestro mundo.

Y sin duda Enrique Lores ya está contribuyendo de manera notable a que esta revolución sea positiva para la sociedad. Se encuentra en el lugar adecuado, en el momento oportuno y con la relevancia y actitud requerida.

Sin duda, la historia de Enrique es una clara inspiración para todos los estudiantes y alumni de la UPV. Una historia de éxito que comenzó con una visita de empresa al salón de actos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial.

Si lo piensan, se trata de una carrera de éxito que nació en una práctica de empresa y que nos recuerda que la capacidad, el esfuerzo, una buena formación y el deseo de continuar aprendiendo a lo largo de toda la vida son siempre una buena combinación para alcanzar el éxito.

Sin embargo, permítanme aventurar que, si algo marcará el recuerdo de Enrique Lores en un futuro, no será solo su gran capacidad técnica, de adaptación o su éxito empresarial. En los tiempos que nos ha tocado vivir, con el auge de la inteligencia artificial, hoy me gustaría que esta laudatio fuera también un alegato de la inteligencia emocional.

Los que hemos tenido la oportunidad de compartir algún tiempo con Enrique, conocemos de primera mano su accesibilidad y cercanía. Cuando desde la Escuela le contactamos hace ya 7 años con motivo de la celebración de nuestro 50 aniversario, tan solo tardó unas pocas horas en contestar personalmente a nuestra invitación.

Desde entonces, su colaboración con la ETSII y la UPV ha sido constante. Ha impartido charlas, fue el primer padrino de una promoción de nuestros estudiantes y forma parte del consejo estratégico de la Escuela. En el contribuye con su gran visión de futuro, ayudando a que también nosotros reflexionemos acerca de cómo debe ser la Escuela y la universidad del futuro.

No me cabe duda de que una considerable parte del éxito de Enrique como directivo tiene que ver con su carácter y estilo de liderazgo. Un liderazgo sin estridencias, pero capaz de anticipar el futuro, innovar y crear. Un estilo capaz de motivar, emocionar y movilizar a las personas y, también, de afrontar y resolver casi cualquier problema, como buen ingeniero.

Es lo que Jim Collins denominaría un ejecutivo de nivel 5. Aquel que es capaz de llevar a una gran compañía a ser extraordinaria. Y si me lo permiten, yo personalmente pasaría a Enrique al nivel 6. El que merecen aquellos ejecutivos que, en ese camino, ayudan a transformar positivamente la sociedad.

Nuestra universidad hace ya tiempo que trabaja para una formación integral de nuestros egresados, y la inteligencia emocional, en todas sus dimensiones debe ser un factor diferenciador de los ingenieros e ingenieras de la UPV. Un modelo de éxito que encarna como nadie Enrique Lores.

Y todo lo glosado hasta el momento, Enrique lo ha logrado con un delicado, y yo diría que casi inexplicable, balance familiar. Un equilibrio no exento de sacrificio y determinación por parte de todos los miembros de su familia.

Su esposa, Rocío, le ha acompañado en este viaje desde el principio. Se conocieron estudiando en la UPV y, en las propias palabras de Enrique, Rocío y él “lo han hecho todo juntos”. Estudiando, trabajando y avanzando juntos profesional y personalmente, paso a paso en este apasionante camino, al que a lo largo del tiempo se han unido Pablo, Javier y Enrique.

Enrique Lores no solo es un egresado ejemplar de la UPV y un líder de la industria global. Es el ejemplo de la necesidad que los ingenieros tenemos de ir más allá de la ciencia.

Es la personificación de nuestro particular sueño americano, o mejor dicho, sueño universitario. Ese en el que un egresado de nuestra Universitat es capaz de alcanzar la cima partiendo de la base del escalón corporativo.

Ese sueño que todavía hoy transmitimos a nuestros estudiantes, y que les debe animar a trabajar duro, a formarse bien, a mantener sus ganas de aprender durante toda la vida y a confiar en que, el compromiso con el trabajo bien hecho, conlleva recompensa.

Un ejemplo que también les debe animar a ser buenas personas, a convertirse en líderes empáticos, con capacidad para escuchar, conversar y motivar a otros. A ser humildes, capaces de trabajar en equipo y a equilibrar su vida profesional con la familiar.

Enrique Lores es sin duda un espejo en el que toda la comunidad de la Universitat Politècnica de València debemos mirarnos y que debe inspirarnos para seguir definiendo la ingeniería del futuro.

Así pues, tenidos en cuenta y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego que se otorgue y confiera al D. Enrique Lores, el supremo grado de Doctor “honoris causa” por la Universitat Politècnica de València

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