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Discurso de Valentín Fuster

Doctor honoris causa UPV

Dr. Francisco Javier Sáiz Rodríguez; Señor Rector Magnífico; Dignísimas Autoridades; Señores Claustrales; Seestimado profesor Fuster:

En este solemne acto, la Universidad Politécnica de Valencia se prepara para recibir entre sus miembros a Valentín Fuster, uno de los científicos españoles más reconocidos a nivel mundial, no sólo por sus extraordinarias contribuciones en el área de la cardiología, sino también por su denodada lucha contra una de las pandemias de nuestro tiempo, las enfermedades cardiovasculares.

En la celebración del 40 aniversario de nuestra universidad, la incorporación del profesor Fuster, notable hombre de ciencia, a su claustro de doctores por causa de honor, la colma de orgullo, satisfacción y prestigio.

Es por tanto, un día feliz para todos nosotros, y muy especialmente para el numeroso grupo de investigadores que, en esta universidad, dedican sus esfuerzos a la investigación y desarrollo de novedosas tecnologías para la mejora de la salud, impulsando el área de la Ingeniería Biomédica.

Me gustaría empezar agradeciendo al Departamento de Ingeniería Electrónica la propuesta de nombrar a Valentín Fuster Doctor Honoris Causa, y al Departamento de Biotecnología y al Centro en Red en Ingeniería Biomédica su apoyo. Una mención especial merece el Instituto Valenciano Pro-corazón y su presidente, el cardiólogo Rafael Rodríguez Gil, mi compañero en este acto y verdadero artífice de que el profesor Fuster esté hoy entre nosotros.

Es para mí un inmerecido honor y una gran satisfacción poder presentar los muchos y relevantes méritos de Valentín Fuster que lo hacen acreedor de tan alta distinción. Aunque no es una tarea fácil, intentaré destacar las múltiples facetas de su gran personalidad, entregada al avance de la ciencia médica como instrumento para mejorar la salud y el bienestar de la humanidad.

A modo de síntesis, podría apuntar que Valentín Fuster es, sin duda, uno de los más sobresalientes investigadores en el área cardiovascular. Sus trabajos son fundamentales para entender el origen de un gran número de enfermedades cardiacas y avanzar en el diagnostico precoz de las mismas, con el consiguiente aumento de la calidad de vida y reducción de la mortalidad.

Ante las importantes aportaciones de su dilatada trayectoria profesional y vital, y la repercusión social que entrañan, uno sólo puede sentir asombro y admiración. Podría parecer que las mismas están fuera del alcance de un ser humano, o sólo al alcance de un ser humano excepcional, como sin duda es el caso.

Valentín combina, con inusitada perfección, una competencia profesional extraordinaria con unas cualidades humanas realmente excepcionales. Todo ello, regido por una personalidad fiel a una serie de principios fundamentales que, a su juicio, todo hombre debe seguir para alcanzar la plenitud personal. Los principios fundamentales que propugna, y en los que ha basado su vida podrían resumirse en los siguientes: primero, descubrir el propio talento, para lo cual es necesario contar con un tutor o mentor. Segundo, concretar y priorizar los objetivos que nos marquemos, y perseguirlos con tenacidad, persistencia y actitud de aprendizaje constante. Y finalmente, actuar con generosidad, transmitiendo el máximo bien a aquellos que nos rodean.

Permítanme empezar con una breve reseña biográfica. Valentín Fuster nació en Barcelona. Hijo y nieto de distinguidos profesionales de la medicina, se licenció en 1967 con el número uno de su promoción. En aquel momento, todo en su vida apuntaba a que se convertiría en psiquiatra, su padre y su hermano ya lo eran. Sin embargo, un hecho desafortunado sería crucial para su enfoque profesional. Su mentor, el Dr. Pedro Farreras Valentí sufrió un ataque cardíaco a la edad de 45 años. Este hecho junto con la reflexión posterior sobre el estado de las especialidades médicas, del que el Dr. Farreras era un profundo conocedor, ayudaron al joven estudiante a tomar la decisión. Sería cardiólogo. Como tantos jóvenes investigadores de la época, sintió la necesidad de salir al extranjero para desarrollar una carrera profesional. En 1968 se traslada al Reino Unido, primero a Liverpool y más tarde a Edimburgo, para completar su especialidad en cardiología y su tesis doctoral. Aquí, tiene lugar un segundo acontecimiento que marcará la trayectoria científica de Valentín Fuster, en el que de nuevo su tutor juega un papel fundamental. El Jefe de Patología de la Universidad de Liverpool, el Dr. Sheehan, le anima a investigar la naturaleza de un conjunto de células dispuestas en el interior de la arteria de un hombre fallecido. Aunque este fenómeno podía explicarse como una consecuencia lógica de la coagulación sanguínea tras el infarto de miocardio, Valentín pensó que lejos de ser la consecuencia, podría ser el desencadenante de la obstrucción arterial y por tanto del infarto. A demostrar esta hipótesis se dedicó frenéticamente durante tres años en Edimburgo donde finalizó su tesis doctoral.

El joven cardiólogo se marcó un objetivo concreto y lo persiguió con tenacidad, obsesivamente (según sus propias palabras). Podría parecer que los extraordinarios descubrimientos del profesor Fuster sobre el origen de los infartos de miocardio fueron fruto de la casualidad, del azar que puso en sus manos aquella muestra de tejido biológico. Nada más lejos de la realidad, permítanme utilizar una reflexión de nuestro admirado Ramón y Cajal, recogida en su libro Los tónicos de la voluntad: "Aún los llamados hallazgos casuales se deben comúnmente a alguna idea directriz que la experiencia no sancionó, pero que tuvo la virtud, no obstante, de llevarnos a un terreno poco o nada explorado". Para nuestro Premio Nobel, todos los grandes investigadores son fecundos creadores de hipótesis. Sin duda alguna, el profesor Fuster, ya, desde muy joven, se comportaba como un gran investigador.

Tras finalizar su estancia en Edimburgo, la familia Fuster decide trasladarse a Estados Unidos. Lo que en principio era una estancia de uno o dos años para conocer de cerca el ambiente de investigación americano, se ha convertido en una impresionante carrera científica y profesional que lo ha situado como el mejor cardiólogo y el mejor investigador en el área cardiovascular del mundo. Durante los últimos 40 años, Valentín Fuster ha desarrollado una brillante e innovadora investigación sobre el origen de las enfermedades cardiovasculares que ha permitido entender la patogenia de los síndromes coronarios agudos, especialmente de los infartos de miocardio y las anginas inestables. Sus descubrimientos están siendo aplicados en el cuidado de pacientes por cardiólogos de todo el mundo, y han sido decisivos en la extraordinaria mejora de la salud cardiovascular, impensable hace sólo unas pocas décadas. Ha mantenido una constante preocupación por la detección precoz de las patologías cardiacas, impulsando el desarrollo de novedosas técnicas de imagen que permiten explorar el interior de las arterias de forma no invasiva.

Ha sido pionero en conectar la investigación básica de laboratorio con la aplicada que se realiza en los hospitales, lo que hoy en día se denomina investigación traslacional, y en la creación de equipos multidisciplinares tanto en la investigación cardiovascular como en el tratamiento de los pacientes. Puede afirmarse que en la historia de la investigación y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares habrá un antes y un después de Valentín Fuster.

Sus importantes descubrimientos han sido publicados en 500 artículos científicos, de las más prestigiosas revistas, siendo uno de los investigadores más citados del mundo, lo que nos da, de nuevo, idea de la calidad e influencia de su trabajo.

Su trayectoria científica le ha permitido dirigir la investigación cardiovascular de los principales Centros de Investigación en Estados Unidos, como el Centro Médico del Hospital Monte Sinaí de Nueva York o el del Hospital General de Massachussetts. En la actualidad combina la dirección del Instituto Cardiovascular del Hospital Monte Sinaí con la dirección científica del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares. Tiene una incidencia directa en la investigación cardiovascular de cientos de científicos, repartidos entre Estados Unidos y España, si bien ejerce una influencia indirecta sobre muchos más a lo largo de todo el mundo.

Valentín Fuster ha recibido numerosas distinciones y reconocimientos por su labor de investigación. Referirme a todas ellas sería una tarea imposible en tan breve espacio de tiempo, resaltaré, no obstante, las más significativas. Es el único cardiólogo que ha recibido las mayores distinciones otorgadas por las cuatro principales asociaciones científicas en el campo de la cardiología: La Sociedad Europea de Cardiología (1992), el Colegio Americano del Corazón (1993), la Asociación Americana del Corazón (2003) y la Sociedad Interamericana de Cardiología (2005).

Ha sido elegido Científico Distinguido por la Sociedad Americana del Corazón, uno de los más altos honores que un investigador en el área cardiovascular puede recibir, ha recibido la Medalla de Oro de la Sociedad Europea de Cardiología y el premio Kurt Polzer en el área cardiovascular de la Académica Europea de las Ciencias y las Artes. En 1996 el profesor Fuster fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, y recientemente ha recibido la Medalla de Honor "Isla de Ellis" en reconocimiento a su valía profesional y personal en su trabajo, manteniendo al mismo tiempo la riqueza cultural de su país de origen. Comparte este honor con personalidades como Bill Clinton, Gerald Ford o Henry Kissinger, premiados en pasadas ediciones.

Es el actual presidente de la Federación Mundial del Corazón y ha sido distinguido como Doctor Honoris causa por 20 Universidades en todo el mundo.

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