jorge garcés ferrer
Discurso de Jorge Garcés Ferrer
Doctor honoris causa UPV
EL SINCRETISMO ENTRE HUMANISMO Y TECNOLOGÍA. En defensa de un Paradigma Sociotécnico.
Prof. Dr. J. Garcés Ferrer.
Universidad Politécnica de Valencia. 9 de Septiembre de 2022.
Agradecimientos y dedicatoria.
Rector Magnífico, supone para mí un honor que la Universidad Politécnica de Valencia haya decidido invitarme a la lectura de la lección magistral de apertura de curso académico 2022-2023, coincidiendo con el acto solemne de mi nombramiento como Honoris Causa de esta prestigiosa Universidad. Muchas gracias.
Escribía Asimov en 1990, en su obra Robot Visions estas palabras:
“Al fin y al cabo, todos los mecanismos tienen sus peligros. El descubrimiento del lenguaje introdujo la comunicación —y las mentiras—. El descubrimiento del fuego introdujo la cocina —y el incendio—. El descubrimiento de la brújula mejoró la navegación —y destruyó civilizaciones en México y Perú-. El automóvil es maravillosamente útil —y mata decenas de miles de norteamericanos cada año—. Los adelantos médicos han salvado millones de vidas —e intensificado la explosión demográfica. En cada caso, se pueden utilizar los peligros y abusos para demostrar que «hay ciertas cosas que la Humanidad no estaba destinada a conocer», pero sin duda no se puede esperar que renunciemos a todos los conocimientos y volvamos al estado del australopiteco. Incluso desde el punto de vista tecnológico, se puede argüir que Dios nunca habría dotado a los seres humanos de inteligencia para razonar si no hubiese pretendido que esta inteligencia fuese usada para inventar nuevas cosas, para hacer un uso juicioso de ellas, crear factores de seguridad para prevenir un uso imprudente, y para hacer lo máximo que podamos dentro de las limitaciones de nuestras imperfecciones” (Asimov, 1990/2012, p. 14).
Esta argumentación escrita casi en los albores del siglo XXI, denotaba una profunda admiración de este genio estadounidense de origen ruso, por el progreso tecnológico y científico. Pero, con buen criterio y sensatez, Isaac Asimov era sustancialmente un humanista declarado, convencido de la necesidad de poner la tecnología al servicio de la humanidad y no a la inversa.
Hacia 1968, Stanley Kubrick mostraba en su cinematografía de culto 2001: Odisea del Espacio una elegante y a la vez potente metáfora visual del realismo científico, representando la transición de una primitiva herramienta de hueso a una nave espacial comandada por una inteligencia artificial, símbolo del progreso tecnológico y del dominio humano de la técnica. Kubrick exploraba una inevitable preocupación transversal a toda la humanidad: ¿Hacia qué propósitos dirigimos nuestros esfuerzos en el desarrollo tecnológico?. En otras palabras, ¿hacia dónde vamos?, ¿cuál es nuestro rumbo como sociedad con perspectiva planetaria?. Recordarán que la película comienza con la sinfonía de Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, quien se inspiraría en la obra de Nietzsche para su composición; toda una constatación artística audiovisual del superhombre dominando la técnica y la naturaleza.
Acertadamente, Hannah Arendt, añade que “la cuestión no es tanto saber si somos dueños o esclavos de nuestras máquinas, sino si éstas aún sirven al mundo y a sus cosas, o si, por el contrario, dichas máquinas y el movimiento automático de sus procesos han comenzado a dominar e incluso a destruir el mundo y las cosas” (Arendt, 2009, pp.159).
Es un hecho constatable que caminamos hacia el futuro cuántico que afectará a todos los ámbitos y sectores del conocimiento de nuestra vida: medicina, biología, genética, educación, trabajo, economía y finanzas, energías, agricultura, transporte o meteorología. El desarrollo de las tecnologías cambiará totalmente nuestras vidas; sentimiento colectivo que también atravesó la mente de nuestros antepasados en los siglos XVIII, XIX y XX.
Aprendamos ahora de aquellos errores, porque la diferencia es que quizás hoy tengamos el suficiente conocimiento acumulado como para no cometer los mismos desaciertos que ahora pagamos como sociedad. Conocimientos que sabemos y podemos entrecruzar en un marco de desarrollo científico nunca antes conocido. En este contexto me propongo, a través de este discurso, avanzar en la idea de la complejidad en el paradigma sociotécnico interdisciplinar, mediante la integración de los conocimientos social y técnico para abordar los retos de la investigación y de la sociedad presentes y futuros desde el prisma del bienestar y la sostenibilidad social.
Tuve la oportunidad en 2017, invitado por la Universitat Jaume I, de exponer algunas ideas sobre la interdisciplinariedad a través de un documento que llevaba por título “Carta a las Ciencias Sociales”. Trataré ahora de ir un poco más allá y acercarme a una justificación conceptual de la interdisciplinariedad no solo en las Ciencias Sociales, sino de éstas con las Ciencias Técnicas.
La mente se mueve como un paracaídas, para funcionar tiene necesariamente que abrirse. Al hacerlo, empieza a elaborar procesos multiparamétricos. El este sentido, el argumento central de mi intervención consistirá en justificar que la interdisciplinariedad en procesos de investigación sociotécnicos, es sustancialmente una forma de gestionar la complejidad, es decir, en nuestra capacidad como investigadores, de interconectar diferentes dimensiones de la realidad como una estrategia epistemológica global para producir y validar conocimientos. La profesora Melanie Mitchell (2009) la denomina la fuerza de la complejidad, porque un pensamiento complejo es el que está constantemente en movimiento, retroalimentándose, siendo creativo, reflexivo, abierto a cambios provenientes de campos y teorías aparentemente enfrentados y diferentes. Morin (2017) y Lipman (2014) son filósofos referentes en esta línea de pensamiento; ambos empeñaron parte de sus escritos en convencernos de la imperiosa necesidad de introducir este tipo de aprendizaje en las escuelas, con el objetivo de fomentar el pensamiento crítico de nuestros alumnos en diferentes etapas educativas.
Existen muchas metáforas sobre el conocimiento complejo. La más conocida popularmente proviene de la teoría del caos propuesta por Lorenz (1996) que se le conoce con el nombre de "el efecto mariposa"; la argumentación parece simple pero su resolución altamente compleja. Expone esta teoría que “partiendo de contextos o mundos casi idénticos, si en uno de ellos hay una mariposa batiendo sus alas y en el otro no, a largo plazo, el mundo con la mariposa y el mundo sin ella, acaban siendo diferentes”. La teoría viene a confirmar lo que ya adelantó Pascal Este matemático, físico, filósofo e historiador anticipó hace ahora 400 años, que “todas las cosas son ayudadas y ayudantes, todas las cosas son mediatas e inmediatas, y todas están ligadas entre sí por un lazo que conecta unas con otras, aún las más alejadas. Todo está conectado y relacionado y que nuestro conocimiento es limitado hasta tal punto que, en la investigación científica, como en la vida, posturas apriorísticamente puristas resultan a la postre totalmente complementarias” (1981, pp.199).
La complejidad permite entender que lo que en realidad ocurre es que lo social fluye sobre lo técnico y lo técnico fluye en lo social. Esta idea lógica que hoy goza de suficiente aceptación, no siempre encajó bien en la historia de la política científica; más bien al contrario. La consideración de la tecnología como ente alejado de lo social tiene un gran recorrido nada desdeñable, apoyada por concepciones impulsadas desde el poder político, económico e ideológico, cuya consigna sostenía que la ciencia busca su propia verdad al margen de la sociedad.
Un ejemplo, podríamos decir paradigmático, de este pensamiento queda documentado históricamente con el denominado Proyecto Manhattan, el proyecto de investigación y desarrollo científico que se realizó en Estados Unidos durante la segunda Guerra Mundial. En el informe Science - The Endless Frontier que el científico norteamericano Vannevar Bush entregó al presidente Truman, decía: “el bienestar nacional depende de la financiación de la ciencia básica y el desarrollo sin interferencias de la tecnología y la necesidad de mantener la autonomía de la ciencia para que el modelo funcione.” (Bush, 1945/2020, pp. 81). El proyecto concluyó con el desarrollo de la primera bomba atómica.
Este modelo de crecimiento exponencial de desarrollo científico con ausencia de controles sociales tuvo y tendrá problemas tanto para las personas como los ecosistemas del planeta. Afortunadamente la sociedad siempre reacciona tarde o temprano. De hecho, los movimientos sociales y políticos antisistema de los años 60 y 70 del siglo XX hicieron, del desarrollo ilimitado de la técnica, una de sus dianas para la lucha por el cambio sociopolítico.
Reparemos en que la tesis del determinismo tecnológico había extendido para entonces su influencia al ámbito de las Ciencias Sociales y Humanas; ejemplos de ilustres de diferentes disciplinas no faltan. Filósofos, como Heidegger o economistas asesores de presidentes como Clinton, caso de Kenneth Galbraith (declarado demócrata), llegaban a defender la idea de que la tecnología se desarrollara al margen de toda intervención humana, que debía seguir su propio curso y devenía sobre la base de sus propias leyes (Winner, 1979). Y esta tendencia en parte continúa; les contaré que el historiador Lynn White (1984), hace solamente unas décadas, mantenía en su obra Tecnología medieval y cambio social, la tesis de que fue la introducción de la técnica del estribo en la caballería en Europa Occidental en la época de Carlos Martel, abuelo de Carlomagno, a principios del siglo VIII, lo que originó la transformación del ejército franco que, a su vez, desencadenó los cambios socioeconómicos que dieron lugar al desarrollo y expansión del sistema feudal.
Precisamente el cuestionamiento de esta actitud de cheque en blanco de la política científica y tecnológica por parte de los gobiernos, introduciendo las primeras regulaciones públicas a la ciencia, y la aparición de los denominados Estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad, durante los años 70, posibilitan la emergencia del concepto de sistema sociotécnico, el cual se lo debemos a Thomas Hughes, que en su trabajo Networks of Power (1993), define sistema sociotécnico como “aquel constituido por partes de diverso tipo como: artefactos físicos (generadores, transformadores, motores, líneas eléctricas, etc.), organizaciones (empresas), componentes inmateriales de esas organizaciones (libros, conocimientos, programas de investigación, etc.), elementos legales (contexto legal: leyes, patentes, etc.), recursos naturales e intereses políticos y económicos. Unos componentes que se hayan conectados entre sí, de forma que las características, estado o actividad de uno de los componentes influye en el de los demás” (pp. 68).
Hoy, solamente tres décadas después del nacimiento del concepto sociotécnico, podemos afirmar que el progreso tecnológico puede entenderse como un ejemplo ilustrativo de procesos complejos de construcción social. Debemos avanzar hacia la noción de “Paradigma Sociotécnico”, incorporando al corpus teórico y metodológico investigador conocimientos epistemológicos que guíen y propongan modelos colaborativos de equipos humanos interdisciplinares en Ciencias Sociales y Técnicas para la consecución de productos, tecnologías y procesos políticos, sociales y sociosanitarios en beneficio, sobre todo, de la sostenibilidad y el avance sensato de la ciencia. Debemos avanzar, por tanto, hacia una episteme de “Sistema Abierto Sociotécnico”, donde a diferencia de los sistemas cerrados, funciona una causalidad cibernética, situando en el centro de este paradigma el concepto de actor-red, cuya actividad consiste en conectar elementos heterogéneos con el objetivo de redefinir y transformar la investigación. La unidad de análisis en dicho paradigma debe cambiar al modo de “Unidad de Investigación Sociotécnica”, a través de la “Interdefinibilidad Conceptual Interdisciplinar” y el codiseño metodológico, orientando las soluciones algorítmicas hacia las necesidades, el bienestar y la seguridad de los usuarios.
Pienso que es esta complejidad a la que tenemos que enfrentarnos en la investigación, pero también como especie. Y no en sentido elegíaco, sino con renacida ilusión, porque es con ilusión como se cambian paradigmas. Es aconsejable dotarnos de herramientas, actitudes y prismas que nos permitan avanzar hacia una epistemología de la complejidad (Morin, 2004) y una comprensión de la investigación sociotécnica caleidoscópica grávida de esquinas.
Estamos en una etapa de transiciones: la digital, la energética, la demográfica, la ecológica y la epidemiológica, son solo algunas. Todas ellas están altamente relacionadas y requieren un conocimiento y acciones colaborativas, prometiendo transformaciones significativas en nuestros comportamientos y ecosistemas. Las Ciencias Sociales y las Humanidades tienen por delante un trabajo extraordinariamente activo en la fecundación de las estrategias de investigación sociotécnica e interdisciplinar y metodologías para una “educación cuántica” (Martos García, 2015, pp. 97). Esta postura es minoritaria hoy entre los científicos sociales en la teoría y en la praxis en nuestro país. Sigo defendiendo, no obstante, que supone una incorrección académica e intelectual no investigar en el seno de equipos interdisciplinares y compartir conocimientos con otras disciplinas.
Urge, desde la academia, abandonar la perspectiva monoepistemológica autoreferente en la investigación y en las áreas de conocimiento académico, distanciándose de solipsismos intelectuales que obstaculizan el cambio y la transmisión de los conocimientos científicos. Canalicemos nuestros esfuerzos pues hacia una ciencia colaborativa. “Posiblemente no hay mayor compromiso ético que buscar constantemente soluciones poliédricas a los problemas de la vida y del mundo”. Frase magistral del profesor de secundaria Don Pedro Jiménez que impartía clases de Filosofía en el pasado curso académico en la European School of Brussels y que comparto hoy con ustedes.
Mi propuesta sería que, así como la nueva conciencia ecológica siente que no hay que dominar a la naturaleza, sino aprender a entenderla y convivir con ella, las Ciencias Sociales tienen que recuperar su innovadora función social pactando con las Ciencias Técnicas para construir nuevas formulaciones epistemológicas y modelos Sociotécnicos.
Como apunta el filósofo Peter Singer, debemos utilizar las tecnologías que creamos para que todos vivamos mejor, con más equidad, con más calidad, y con objetivos inclusivos para los más desfavorecidos estructuralmente. Como buen humanista y animalista, Peter Singer comenta: “No deberíamos dar por sentado que la evolución está guiada por algún tipo de providencia para alcanzar los mejores resultados éticos” (2018: pp 2). Las palabras de Singer significan que, en parte, pero solo en parte, el futuro está en nuestras manos. Si vamos a diseñar el futuro de la sociedad cuántica, supuestamente un lugar óptimo y mejor que el presente para la humanidad, como ya hicieran Platón con Magnesia y Tomás Moro o Tommaso Campanela en el Renacimiento, hagámoslo para prevenir distopías; pongamos nuestro conocimiento al servicio de la sociedad desde la praxis aristotélica, intentando alcanzar la excelencia y el bienestar. Ello podría resumirse para mí en una frase simple pero difícil de materializar: trabajemos bien y por algo que es bueno, bello, aunque a corto plazo no triunfe. Libros como The Ethical Algorithm, (Kearns, 2019) o The Alignment Problem: Maching Learning and Human Values de Brian Christian (2020), son ejemplos magníficos de este tipo de conductas científicas impulsadas por programadores de big data.
Conductas que, estoy convencido, son susceptibles de materializarse desde la academia mediante la creación de Facultades Socio-Técnicas de nueva planta que estudien los problemas y los retos heterogéneos futuros del desarrollo integral del ser humano. Centros de docencia y de investigación socio-técnica que se planteen la docencia y la investigación transversal e interdisciplinar entre las Ciencias Sociales y Humanas y las Ciencias Técnicas, para que nuestros estudiantes aprendan epistemologías, metodologías y conocimientos de naturaleza sociotécnica y puedan aplicarlos después a las políticas públicas y al bien común.
A ese objetivo he dedicado 20 de mis 36 años de carrera investigadora, sustanciada hoy en una realidad: el Instituto Universitario de Investigación de Políticas de Bienestar Social- Polibienestar-. Pienso que hemos consolidado un mestizaje entre las Ciencias Sociales y Técnicas; apartado la máscara de las jerarquías académicas, y logrado una gestión integral y horizontal en los procesos de investigación. Nos identificamos como un foro abierto de pensamiento y creatividad, donde investigamos colaborativamente profesionales del trabajo social, la sociología, matemática, ingenierías, psicología, economía, medicina, arquitectura, periodismo, derecho y ciencia política. Disfrutamos del placer de aprender, discutir y argumentar en la investigación desde una perspectiva caleidoscópica. En cuanto al futuro, me refiero a jóvenes investigadores e investigadoras, nuestro objetivo es iluminarles y hacer crecer su autoestima e imaginación; empoderar su talento interdisciplinar y sociotécnico es nuestra misión.
Galeano (1917), hace cinco años nos dejaba esta frase:“somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” (pp.111). Pero para cambiar el rumbo de una vida se necesita primero suerte para evitar la maldad, una buena dosis de versatilidad, no poca valentía y capacidad de gestión de la complejidad, asumiendo que te equivocarás y que las realidades son discutibles y refutables. La discrepancia no es más que una senda cierta que nos aproxima a la libertad. Que miedo debe dar tenerlo todo claro, tanto como renunciar a todo y empezar de nuevo, como hicieran Demócrito y Diógenes. Séneca decía en sus “Diálogos” que las personas fuertes no son desdichadas porque no necesitan ni de la felicidad. Ese tipo de personas son mis referentes éticos, imprescindibles, si queremos mantener el rumbo estable para una humanidad con futuro.
Y termino, volviendo al argumento original, recuerden, hacia dónde vamos?. Especulamos… aunque dudo de que alguien sea capaz de responder acertadamente a esta cuestión. En tiempos de mutaciones y cambios como las que vivimos hoy, siempre es posible confiar en que las cualidades positivas propias de los seres humanos podrían resolver los problemas de la mano de la sensatez y la generosidad, para dotarnos de más seguridad, felicidad y progreso social. Esta fue una aspiración axiológica renacentista europea de hace ahora 500 años atrás, que no es más que una invitación a la esperanza, y que podría orientarnos para lograr la homeostasis entre lo que nos caracteriza como humanos y lo que somos capaces de hacer, crear y destruir los humanos, es decir, alcanzar un sincretismo necesario entre hacer y pensar, entre el futuro tecnológico y el humanismo.
Gracias.
Referencias
Arendt, H. (2009). La Condición Humana. Barcelona: Editorial Paidós.
Asimov, I. (1990/2012): Visiones de Robot. Barcelona: Editorial Debolsillo.
Bush, V. (1945/2020). Science, the Endless Frontier. Princeton: Princeton University Press.
Christian, B. (2020): The Alignment Problem: Maching Learning and Human Values. New York: W.W. Norton & Company.
Galeano, E. (1917): El libro de los abrazos. Madrid: Editorial Siglo XXI.
Hughes, T. P. (1993): Networks of power: electrification in Western Society. 1880-1930. Blatimore, Maryland: Johns Hopkins University Press.
Kearns, M. (2019): The Ethical Algorithm: The Science of Socially Aware Algorithm Design. Oxford: Oxford University Press.
Lipman, M. (2014): Pensamiento complejo y educación (1.a ed.). Madrid: Ediciones de la Torre. (Publicado originalmente en 1989).
Lorenz, E. (1996): The Essence of Chaos. Seattle: University of Washington Press.
Martos García, A. (2015): La educación cuántica. Un nuevo paradigma de conocimiento. Málaga: Editorial Corona Borealis.
Mitchell, M. (2009): Complexity: A Guided Tour. Oxford: Oxford University Press.
Morin, E. (2004). “La epistemología de la complejidad”. Gazeta de Antropología, 20, artículo 02.
Morin, E. (2017). Introducción al pensamiento complejo (1.a ed.). México: Gedisa Mexicana. (Publicado originalmente en 1990).
Pascal, B. (1670/1981). Pensamientos. Madrid: Alianza Editorial.
Séneca, L. (1986): Diálogos. Madrid: Editorial Tecnos.
Singer, P. (2018): “Ethics, technology and the future of the humanity”. WIPO Conference. Summary by C. Jewell. Geneve (pp. 1).
White, L. (1984). Tecnología medieval y cambio social. Barcelona: Paidós Ibérica Ediciones. (Publicado originalmente en 1962).
Winner, L. (1979): Tecnología Autónoma. La técnica incontrolada como objeto del pensamiento político. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.